Cuando iniciamos el semillero RemiBots, no teníamos un gran proyecto, ni una hoja de ruta clara, ni siquiera una meta definida en términos de investigación.
Lo que sí teníamos era algo más simple… pero más poderoso:
ganas de aprender.
Tanto los estudiantes como los docentes estábamos completamente enfocados en entender la robótica desde la práctica. No se hablaba de proyectos formales, ni de entregables, ni de publicaciones.
De hecho, pasaba algo curioso:
cuando en alguna sesión se proponía trabajar temas de investigación, muchos estudiantes simplemente no asistían.
Pero si la sesión era para conectar sensores, probar módulos o armar algo funcional… el laboratorio se llenaba.
Con el tiempo, comenzaron a surgir múltiples desarrollos:
Sistemas de control con ESP32
Prototipos móviles
Automatización de dispositivos
Sensores ambientales
Sistemas de riego, monitoreo y control
Muchos de estos no se consolidaron como proyectos finales, y durante mucho tiempo eso se veía como una debilidad.
Hoy lo veo diferente.
Porque cada uno de esos intentos permitió que los estudiantes tocaran la tecnología, enfrentaran problemas reales y entendieran cómo funciona realmente un sistema.
Y eso tiene más valor formativo del que parece.
Aquí es donde realmente cambió todo.
Cometí varios errores que hoy veo con total claridad:
Pensar que podía despertar amor por la investigación cuando yo misma aún no lo sentía realmente.
No meterme de lleno en el mundo de la investigación por creer que no era lo mío.
No dar a conocer lo que hacíamos, como si no tuviera valor.
Creer que lo que hacíamos lo podía hacer cualquiera, sin reconocer el proceso detrás.
No valorar el trabajo propio.
Pensar que sin recursos institucionales no se podía avanzar.
Pero hubo algo que transformó completamente la dinámica:
Dejar de ocultar el origen de las ideas.
Hoy, mis estudiantes dicen sin problema:
“Este prototipo surgió a partir de una idea que vi en tal sitio y la adapté.”
Y eso no los hace menos.
Los hace más conscientes, más honestos y más cercanos a cómo realmente funciona la ingeniería.
Con el tiempo entendí algo clave:
No todos los proyectos deben terminarse.
Pero todos deben enseñar algo real.
Porque lo que realmente se construye no es solo un robot, sino:
criterio técnico
confianza
capacidad de resolver problemas
autonomía
Si hoy tuviera que empezar de nuevo, haría algo desde el primer día:
Mostrarle al estudiante la ruta completa.
Desde dónde comienza… hasta dónde puede llegar.
Sin techo.
No solo para que aprenda robótica, sino para que cuando termine su carrera tenga experiencia real, proyectos que mostrar y una hoja de vida con sentido investigativo.
Hoy tengo algo que antes no tenía: convicción.
Porque entendí que enseñar robótica no es solo enseñar tecnología.
Es crear espacios donde los estudiantes se sienten capaces de construir.
Enseñar robótica es la práctica que hago con mayor motivación y entusiasmo en la vida.
No veo la hora de volverme a encontrar con mis estudiantes para crear cosas nuevas…
y sé que ellos también cuentan los días para encontrarse conmigo y asumir nuevos retos.
Si algo me dejó este proceso es esto:
No necesitas tener todo claro para empezar.
Pero sí necesitas estar dispuesto a aprender junto a tus estudiantes.
Porque a veces, el primer robot que construyes… no es el más importante.
El más importante es el proceso que te transforma.
Abril de 2026.