Durante mucho tiempo hemos repetido frases que parecen inofensivas…
pero que dicen mucho más de lo que creemos.
“Feliz día al hermoso ramillete de mujeres”
No suenan mal.
Pero tampoco son neutrales.
Como ingeniera y docente, cada vez que escucho este tipo de expresiones me surge la misma pregunta:
¿En qué momento dejamos de ver a las mujeres por lo que hacen y empezamos a destacarlas por cómo se ven?
Todavía es común encontrar expresiones como:
“las bellas damas”
o mensajes donde lo primero que se resalta es la apariencia, y no el talento, el trabajo o las capacidades profesionales.
También aparecen frases que parecen amables, pero que revelan ideas muy arraigadas:
“te ayudo con los oficios de la casa”
como si esas tareas no fueran una responsabilidad compartida, sino una ayuda hacia alguien a quien le corresponde hacerlas.
Otras situaciones se repiten desde la infancia:
niñas asociadas con el color rosa y niños con el azul;
mujeres presentadas con frecuencia en comerciales, programas deportivos o contenidos mediáticos más como elementos de atracción visual que como protagonistas por su talento o conocimiento;
comentarios cotidianos como “seguro es una mujer conduciendo” cuando alguien maneja mal.
Como ingeniera y docente, veo una realidad que se repite año tras año:
son pocas las mujeres que llegan a las carreras de ingeniería.
Y muchas veces el problema no comienza en la universidad.
Comienza mucho antes, en los mensajes cotidianos, en lo que se dice en casa, en lo que se muestra en los medios, y en lo que se espera —o no se espera— de una niña.
No se trata de dejar de celebrar, ni de rechazar los gestos de cariño que muchas mujeres reciben.
Esos detalles tienen valor cuando nacen del afecto.
Pero el verdadero cambio no está en un mensaje un día al año.
Está en lo que decimos todos los días.
En cómo hablamos.
En cómo educamos.
En lo que reforzamos sin darnos cuenta.
Porque cuando el lenguaje cambia, también cambia lo que creemos posible.
Y eso, en ingeniería, puede marcar la diferencia entre una vocación que se pierde…
y una que se construye.