El domingo fue el Día Internacional de la Mujer, pero ese día me correspondió ser jurado de votación, así que no alcancé a escribir nada. Hoy lo hago con calma.
Más que hablar de celebraciones, quisiera invitar a una reflexión sobre algo que aún aparece con frecuencia en mensajes personales e incluso institucionales: los sesgos de género en el lenguaje cotidiano.
Todavía es común encontrar expresiones como:
“feliz día al hermoso ramillete de mujeres”
“las bellas damas”
o mensajes donde lo primero que se resalta es la apariencia, y no el talento, el trabajo o las capacidades profesionales.
También aparecen frases que parecen amables, pero que revelan ideas muy arraigadas:
“te ayudo con los oficios de la casa”
como si esas tareas fueran naturalmente responsabilidad de las mujeres.
Otras situaciones se repiten desde la infancia:
niñas asociadas con el color rosa y niños con el azul;
mujeres presentadas con frecuencia en comerciales, programas deportivos o contenidos mediáticos más como elementos de atracción visual que como protagonistas por su talento o conocimiento;
comentarios cotidianos como “seguro es una mujer conduciendo” cuando alguien maneja mal.
Como ingeniera y docente en el área de ingeniería, también veo otra realidad: todavía son pocas las mujeres que llegan a estas carreras.
Muchas veces esa brecha comienza mucho antes de la universidad, en los mensajes, expectativas y estereotipos que reciben desde niñas sobre lo que “deberían” o “no deberían” hacer.
Muchas de estas cosas no se dicen con mala intención. Son costumbres culturales que hemos repetido durante años, pero eso no significa que debamos seguir normalizándolas.
Tampoco se trata de rechazar los gestos de cariño que muchas mujeres reciben de sus familias, como flores o detalles especiales. Esos actos tienen valor cuando nacen del afecto.
La reflexión va más allá: tiene que ver con revisar el lenguaje y las prácticas que, incluso sin darnos cuenta, siguen reduciendo a las mujeres a su apariencia o a roles tradicionales, dejando en segundo plano su trabajo, su conocimiento y sus aportes.
Tal vez el verdadero homenaje no está solo en un mensaje un día al año, sino en cómo hablamos, cómo educamos en casa y cómo reconocemos el talento y el trabajo de las mujeres todos los días.
Y para todas las mujeres que cada día aportan con su trabajo, su conocimiento y su liderazgo en tantos espacios: un reconocimiento sincero hoy y todos los días.
Marzo de 2026